jueves, noviembre 25, 2004

Bibliotecas especiales I

Bueno, abriendo una nueva sección ahí os pongo el enlace a una biblioteca digital y muy especialita, así que os la dedico a vosotros, frikis del mundo, roleros en mi proximidad y en particular, por todas aquellas veladas en las que lograis asustarme. De hecho tiene mucho que hacer pero está simpática... Se llama Biblioteca Rúnica , que os sea de provecho.

martes, noviembre 23, 2004

Bibliotecarios ilustres I

Bueno, ayer en la noche me dí cuenta de que se hacían años de la muerte de Kennedy en Texas y caí en la cuenta que después de tantos años, no es que me preocupe, el único inculpado sigue siendo un... ¡¡¡AUXILIAR DE BIBLIOTECA!!!
Así que para completar la lista de hoy de bibliotecarios "ilustres", especial USA, ahí queda para nuestra vergüenza, la primerísima dama del Imperio Yanqui también es... ¡¡¡BIBLIOTECARIA!!!

jueves, noviembre 18, 2004

Artículo en favor de la biblioteca I

Se trata de un artículo muy bueno de Rosa Regàs, directora de la Biblioteca Nacional, aunque mucho me temo que como siga así por poco tiempo.
Economía versus Cultura
Rosa Regàs
Nadie, y mucho menos los bibliotecarios y bibliotecarias, duda que la lectura sea una de las actividades que más exacerba la imaginación, enriquece la fantasía, rescata del olvido la memoria y desarrolla la inteligencia. Y como tal es uno de los elementos fundamentales del derecho de todos los ciudadanos a la cultura y al desarrollo de sus facultades mentales y emocionales.
Al anteponer a estos elementos una concepción mercantilista de la lectura y en consecuencia de los derechos de los ciudadanos, de la sociedad y de la vida exigiendo el pago de derechos de autor por cada préstamo en bibliotecas, la UE deja a un lado el progreso y la cultura. O considera que no hay más cultura que el beneficio. O tal vez desconoce las cifras oficiales sobre lectores y recursos de que disponen las bibliotecas españolas en relación con las bibliotecas de los países de la Unión.
Recordemos que en las bibliotecas públicas de la UE los libros por habitante eran 2,10 en 1998, frente a 1 en España en el año 2000; que según estadísticas correspondientes a los mismos años, los préstamos por habitante en la UE eran de 4,93 frente al 0,77 de España y que el gasto anual en bibliotecas públicas por habitante era en la UE de 13,35 frente al 3,64 de España.
Un último indicador nos dice que en 1996 se adquiría un libro para las bibliotecas públicas danesas por cada dos habitantes y en Finlandia un libro por cada tres ciudadanos. Mientras que en España en ese año se compraba un libro para bibliotecas públicas por cada veinte personas. Tal vez la situación ha mejorado en nuestro país, pero también lo habrá hecho en los demás.
En cuanto a los autores, la inmensa mayoría está contra el pago por préstamo porque considera que, habiendo ya cobrado el derecho de autor correspondiente al libro que está en la biblioteca en el momento que se produjo la compra, el trabajo de promoción y difusión de sus libros que hacen las bibliotecas cubre con creces cualquier derecho de autor añadido que se quiera imponer. Pretender, además, cobrar un derecho por cada lectura es un abuso que nos confirma que el único aspecto de la cultura que parece interesar es el económico.
¿Por qué la Unión Europea que tanto se preocupa del cobro de derechos de autor de unos libros que ya han pagado por ello, no se dedica en primer lugar a exigir a España que dedique más recursos a las bibliotecas?¿Por qué si no podemos compararnos con los demás países ni en lectores ni en la adquisición de libros para las bibliotecas, se exige a España el pago de derechos de autor como si nuestro país fuera tan desarrollado culturalmente como los países del norte de Europa?¿No es misión de la UE velar por que los gobiernos de los países menos adelantados de la UE, como España, aumenten los escuálidos medios y recursos que aportan al funcionamiento de las bibliotecas, en lugar de exigirles un pago que, bien lo sabe la UE, el gobierno lo deducirá de esos magros recursos?
Y los ciudadanos que nunca protestamos, esta vez no lo hacemos con la contundencia que una acción de este tipo exige tal vez porque nos hemos creído que tenemos el mismo nivel cultural y económico que los países del norte e incluso que Alemania, Inglaterra o Francia, y que por lo tanto bien está que se nos trate del mismo modo.
Pero no es así. Nos queda mucho camino por andar y si es cierto que necesitamos reglamentos y normas para ir acercándonos a ellos, no lo es que al gobierno español no se le exija más que el cumplimiento de los objetivos económicos que parecen ser los únicos que le importan y que no sólo son prioritarios para las jerarquías neoliberales, sino lo que es mucho peor, también para la Unión Europea que, a mi modo de ver y vistos sus anhelos crematísticos, debería volver a llamarse “Comunidad Económica Europea”, lo que realmente es y lo único que pretende ser.

Artículo de Rosa Regàs en favor de la biblioteca (pública y laica).

La biblioteca pública, nuestro hogar
Rosa Regàs
Si defendemos lo público frente a lo privado no es sólo porque lo público alcanza a la población entera y lo privado sólo a aquella que se lo pueda permitir, sino porque lo público, en un país de Constitución laica como el nuestro, supone que nunca las creencias pasarán por delante de las ideas. Las ideas pueden resumirse en cuatro que son también las fundamentales: justicia, libertad, igualdad y solidaridad, y son aplicables a todo el género humano, mientras que las creencias sólo pueden ser aplicadas a los que en ellas creen a no ser que quienes las defienden se consideren fundamentalistas. Entonces la religión, la moral, la patria o la tradición se imponen a los que tienen distintas religiones, morales, patrias y tradiciones, pasando como es de suponer, por delante de las ideas.

La biblioteca pública se rige, pues, por los mismos principios que se rige la escuela pública laica y la sociedad laica. En una biblioteca pública no hay criterios de selección que dependan de tal o cual principio moral, religioso o patriótico, sino sólo por el principio de dar a conocer el mayor número de publicaciones de calidad de todo el espectro nacional e internacional que los recursos de que dispone la biblioteca le permiten, sean o no aceptables por tal o cual creencia. Por lo tanto, el conocimiento que se adquiere en la biblioteca pública, puede ser universal y defiende el principio de igualdad y de justicia universales, no sometidos a otros principios religiosos o morales.

La escuela pública además tiene las puertas abiertas a toda la población sin distinción de edad, de categoría ni de clase social, a la que atiende de forma desinteresada porque se nutre principalmente de los fondos del Estado que no son otros que los que los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos. Por lo tanto la Biblioteca pública es un bien colectivo, un patrimonio de la sociedad, que gestiona en nuestro nombre el propio Estado.

La Biblioteca pública es un elemento indispensable para la formación de los ciudadanos, sobre todo de los ciudadanos que están en periodo escolar. No sólo porque en ella pueden encontrarse los instrumentos necesarios para una investigación por somera que sea, no sólo porque la biblioteca dispone de muchos más títulos de los que un ciudadano medio puede almacenar en su casa, sino porque el contacto con los libros nos sumerge en un mundo infinitamente más vasto y complejo que el que nos mantiene en los dos o tres libros al mes o al año que exige el profesor de literatura. Porque en la biblioteca el alumno aprende a conocer y reconocer títulos y autores, a familiarizarse con ellos, a establecer comparaciones y tender puentes entre temas y periodos de tiempo, lo que le resulta mucho más difícil hacerlo en su casa, por más que sea de una familia aficionada a la lectura y al estudio. Y este aspecto del conocimiento es fundamental porque de algún modo va consolidando las enseñanzas que se reciben en la escuela.

A mi modo de ver todo plan de estudio debería contener dos o tres horas semanales de biblioteca, no como una distracción ni como un lugar donde ir a hacer los deberes o a buscar un libro determinado, sino como una asignatura que tuviera como objetivo nuestra inmersión en un universo que no es más que un ejemplo del universo de creación que deseamos que sea nuestra vida, un universo donde hay que descubrir por uno mismo los tesoros que contiene lo cual despierta nuestra curiosidad, acrecienta nuestra inteligencia, agudiza nuestra atención y nuestra comprensión y facilita el ejercicio de pensar.

Un niño encuentra en la Biblioteca mucho más de lo que su imaginación busca porque el ámbito que nos ofrece no tiene límites. Estamos demasiado acostumbrados a dar a nuestros hijos placeres compactos que vienen definidos en unas instrucciones adosadas a ellos. Y es necesario que la imaginación y la fantasía se pongan en marcha no sólo para descubrir los infinitos mundos que ofrece la lectura sino para ir adquiriendo poco a poco conciencia de nuestras propias posibilidades, de nuestras facultades, a fin de saber cada día un poco más lo que nuestra inteligencia es capaz de inventar, fabular, poner en práctica.

En una Biblioteca pública, laica, encontrará el lector, tenga la edad que tenga, los elementos fundamentales para que su criterio se vaya desarrollando y fortaleciendo, y será el conocimiento de tantas y tan vastas concepciones del mundo y de su historia las que irán formando su espíritu en una solidez democrática que sabrá respetar el pensamiento de los demás, juzgarlo y hacer suyo el que más le seduzca, el que crea más justo. Porque un pensamiento democrático se elabora más solidamente cuanto más amplio sea el panorama del conocimiento al que tiene acceso. En este sentido la Biblioteca pública y nuestra asistencia a ella de forma habitual y continuada constituye un aspecto indispensable de nuestra formación sobre el fundamental respeto que debemos a los demás ciudadanos sea cual sea la época de la historia que les haya tocado vivir.

En la Biblioteca pública encontramos los fundamentos para recuperar definitivamente nuestra memoria histórica sustituyendo el conocimiento desfigurado que recibimos, por los testimonios de los que fueron protagonistas de unos hechos que se nos han escamoteado y que las escuelas de estos veinticinco años de democracia han ignorado. Así puede decirse que al margen de los libros que adquirimos en las librerías todos deberíamos prever en nuestra agenda un paseo regular por los estantes de la biblioteca de nuestro barrio a fin de comenzar a llenar los huecos que esta memoria ha dejado, huecos tan profundos que muchas veces hemos acabando confundiendo con el paisaje real de nuestra historia.

Además ¿hay algo más hermoso que descubrir por uno mismo un mundo de ficción que nos convertirá en recreadores, creadores, de una historia más real que la propia realidad de la que procede? Este placer es el que, por encima de todo, podemos descubrir en una Biblioteca pública, siempre que asistamos a ella las veces suficientes como para convertirla en nuestro hogar.

martes, noviembre 02, 2004

bibliotecas en los libros III

Lentamenta, os voy destripando El enigma del cuatro, así que ahí va otra perla bibliotecaria...

Sobre los ratones de biblioteca:

Hace semanas que no veo a Bill Stein. Lentamente, mientras disfruta del sexto año de un doctorado aparentemente eterno, Stein ha estado completando poco a poco una tesis doctoral sobre la tecnología de las imprentas renacentistas. Aquel hombre esquelético tenía pensado trabajar como bibliotecario hasta que ambiciones más grandes se cruzaron en su camino: cátedras, puestos titulares, ascensos, todas las fijaciones que surgen cuando lo que quieres es servir a los libros para después, gradualmente, querer que los libros te sirvan a ti... Huele a moho de biblioteca, a los libros que todos los demás han olvidado...
Stein se arrastra por la biblioteca como una araña en un desván, devorando libros muertos y transformándolos en un hilo fino. Lo que construye con ellos siempre es mecánico, poco inspirado, fruto de simetrías que Stein no es es capaz de variar.