jueves, marzo 16, 2006

18 de marzo de 2003

Se venía mascando una desilusión manifiesta, la certeza de que algo iba a pasar a consecuencia de ello (nunca imaginamos que en trenes de cercanías), ya habían sido las dos grandes manifestaciones después de lo del Prestige y unos cuantos locos, bibliotecarios ellos, se embarcaron en un encierro.

Todavía puedo ver la llegada escalonada de los sacos de dormir, los aislantes, los macutos, sus dueños... y la mirada resplandeciente del entonces director (servidora le avisó)y la de los encerrados, porque durante un tiempo, formamos un grupo como de vaqueros del oeste: Los Encerrados. De nosotros se hablaba, se opinaba, se tergiversaba (no nos íbamos a duchar a casa, según algunos)... Todavía tengo en la sien metidos los nervios con que nos movimos aquella tarde, víspera de festivo, y cómo íbamos planeando la nada, cómo se iba quedando vacía la escuela de gente que no fueramos nosotros, cómo se silenciaba el rumor, como temblaban las escaleras al subirlas, cómo la verja se cerró definitivamente hasta dos días después con nosotros mirando desde la ventana.

A varios grandes amigos los conocí dentro: Mario llegó con el curso de los días y todavía tiemblo al pensar la forma en que nos pusimos a hablar, sentados a medio metro sobre lo divino y humano de los libros antiguos. Con Ana me enamoré, nos pasamos hablando parte de una mañana y una tarde, tanto que nos quedamos extrañadas al ver pasar a Julio, que me conoció en pijama. David escuchó mi primera disertación sobre los hombres sentado en la escalera mientras sacudía los nervios creyendo que no corresponderían con unos palos chinos... También se estuvó despierto cuando llegué a las siete y le conté todo lo que había pasado.

A todos los que estuvieron, muchos y variados, por que ese sentimiento nunca se nos rompa.

1 Comments:

Blogger Yavannna said...

A dia de hoy siguen corriendo rumores.. recuerdo como hace relativamente poco le tuve que contar a Manolo (bedel que llegó un año después a la EUBD) que no todo habían sido juergas y risas... los rumores que llegaron a la gente eran de mega - fiestas nocturnas... se me ocurre que quizá impulsados por ciertos alumnos que un día intentaron colarse para realizar un mega- botellón y a los que tuvimos que mandar a su casita.

Cuando le expliqué, que había perdido 4 kilos en el transcurso de 9 días, que me levantaba todos los días a las 7.00 para ir a trabajar, después de haber dormido mal y poco y que para colmo el resto del día lo pasábamos de manifestación en manifestación comiendo escuetos bocadillos pareció sorprendido... me dijo, hombre, pero alguna fiestecilla montaríais... a lo que respondí, si claro, si por fiesta entiendes quedarte un sábado más tiempo levantado leyendo panfletos, jugando al trivial y tomando un par de cervecitas frías.

Fue hermoso, ya sabes, no conseguimos nada, pero eso era algo que ya sabíamos, dencillamente, estar allí, unidos por algo en lo que creíamos, para años más tarde, al menos, saber, que habíamos expresado aquello que sentíamos, aunque no sirviese para nada.

Y por supuesto, el conocer a tanta gente... por ejemplo tu Texcalt... dos años en la misma clase y ni sabía quién eras.. qué cosas!!!

11:10 a. m.  

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